Venezuela, como el PRI

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Hay muchos motivos para comparar las figuras de Hugo Chávez y Nicolás Maduro con la de Andrés Manuel López Obrador. Este paralelismo ha sido utilizado con gran eficacia contra el líder de Morena quien no logra sacudirse la incertidumbre que implica.

Pero ahora, la principal línea de estrategia que sigue el presidente venezolano Maduro para enfrentar su descrédito nacional y la caída en las preferencias electorales de su partido es muy parecida a la que ha diseñado desde Los Pinos el presidente Enrique Peña Nieto para vencer en las elecciones del Estado de México y apuntar hacia la carrera sucesoria de cara a las elecciones de julio de 2018.

Maduro ha apostado también por dividir a la oposición. Y eso le empieza a generar réditos políticos, de entrada, en la jornada electoral más reciente. Sorprendió su ventaja. Y puso al régimen en una posición muy favorable para la elección presidencial que Nicolás Maduro ha prometido que tendrá lugar en el último trimestre también del 2018.

Lo que hemos atestiguado a últimas fechas en Venezuela es la transición entre el fin del chavismo y el inicio del madurismo. El chavismo se basó en hablarle a las mayorías, conquistarlas, vestirlas de rojo, consentirlas y mantenerlas leales con un desmedido gasto público fruto del altísimo precio del petróleo del que gozó durante años. Además, se benefició de una oposición dividida.

Maduro, sin el carisma de Chávez ni el dinero del petróleo por la caída en los precios internacionales, perdió a esa mayoría. Quizá la muestra más diáfana es que en el voto para la Asamblea Nacional Constituyente el oficialismo alcanzó 41 por ciento. Entonces, Maduro pareció cambiar de estrategia y se reenfocó en administrar la discordia: apostar a su voto duro y dividir a la oposición. (¿Nos suena?)

Lo ha logrado: Maduro triunfó inesperadamente en las elecciones regionales de hace unos días y por si eso no bastara, logró que la mayoría de los gobernadores de la oposición que resultaron vencedores en esa contienda se pasaran del lado de sus instituciones. Esta podría ser la primera gran muestra de que el bloque antiMaduro tiene grietas que pueden volverse fracturas de aquí a a las elecciones presidenciales.

Sin embargo, no debe descartarse la enorme capacidad del régimen para autosabotearse:

En la época de la URSS, los precios estaban impresos en los envases o forjados en el hierro de las ollas. No variaban por décadas. Hasta que se acabó la farsa: a partir de 1990, inflación e hiperinflación por diez años. Meter en la Constitución venezolana una Ley de Precios Justos es una receta infalible para perpetuar la carestía, la corrupción y la pobreza. Una fábrica de perder votos.

SACIAMORBOS

El jueves pasado publiqué aquí que el INE se tardaba en reconocer que no servía bien y era discriminatoria la app para recolectar firmas a favor de los independientes.El INE me mandó una cordial comunicación expresando que “todas las dudas sobre el funcionamiento de la App han sido aclaradas y la mayoría de los aspirantes independientes a diversos cargos de elección popular, la siguen usando y continúan sumando apoyos”. Bueno, pues nomás ayer se quejaron del método dos de los más relevantes: Margarita Zavala y Pedro Ferriz.


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