Viviendo con terroristas

Viviendo con terroristas

 

09/07/2016 12:45 am. Dear Carlos, I received the agriculture part from our team, have a look on it and let me know if you have any questions. I will send more parts in the next coming days.

(Querido Carlos, recibí la parte sobre agricultura de nuestro equipo, échale un ojo y dime si tienes alguna pregunta. Te mandaré más partes en los próximos días).

Ese fue el primer correo que me llegó desde Turquía. El mismo lugar donde entramos en contacto con el hombre clave en una de las piezas periodísticas más interesantes y enriquecedoras en las que he tenido oportunidad de participar en mi carrera: “Raqqa, Vivir en el Estado Islámico”.

Nuestro hombre clave –no podemos revelar su nombre por cuestiones de seguridad– era un tipo experimentado. La guerra lo hizo dejar su Siria y mudarse al país vecino. El destino lo llevó a trabajar con periodistas de todo el mundo como traductor y guía.

A él lo conocimos al hacer “Éxodo”, el documental que retrató la crisis migratoria y que presentamos hace un año. En ese momento nos contó lo que se vivía en su patria, nos habló de jóvenes estudiantes, activistas, millennials, que no pudieron escapar de Siria y que estaban urgidos de contarle al mundo lo que se vivía en su ciudad, Raqqa, convertida en la capital del grupo terrorista Estado Islámico, el más poderoso en la actualidad. No eran reporteros pero les sobraba valor para ejercer el oficio.

La brutalidad de lo que nos relató nos dejó sorprendidos e interesados en aportar el espacio para contarlo. Los siguientes fueron meses de comunicaciones de pronto intensas, de pronto desesperantemente aisladas.

Les dimos una guía de temas, de preguntas que habría que responder, de gente a la que sería ideal entrevistar. Queríamos un retrato completo de cómo funcionaba el Estado Islámico. Les dijimos que hicieran lo que pudieran y que ante todo, se cuidaran.

Aceptaron el reto. Los jóvenes desempolvaron sus teléfonos inteligentes (prohibidos por Estado Islámico), se convirtieron en reporteros y comenzaron a grabar a pesar del riesgo de ser descubiertos y morir lapidados o crucificados.

Comenzaron a llegar historias, testimonios brutales, respuestas a nuestras preguntas. A veces en fragmentos de 40, 50 segundos, uno por uno, a lo largo de días, semanas, meses.  Para evitar ser descubiertos, el envío de archivos de texto y video se hizo a través de distintas ciudades del mundo. El destino era nuestra redacción en México. Ahí calificábamos el material, lo traducíamos, tratábamos de encajarlo en una pieza periodística, enviábamos de regreso nuestras dudas, les sugeríamos nuevas preguntas, les insistíamos en temas.

Grabaron clandestinamente y se sumergieron en la internet profunda para conseguir los videos que el propio Estado Islámico graba para su propaganda. Su trabajo fue no sólo inempatablemente valiente, sino periodísticamente impecable. Retrataron todos los ángulos del infierno. No se le puede llamar de otra forma. Los castigos: manos cortadas, latigazos, crucifixiones, lapidaciones. El funcionamiento de la economía: el pago de impuestos, el negocio del petróleo, la venta de reliquias patrimonio cultural de la humanidad. La educación: cómo van a clases a escondidas quienes no quieren seguir los libros de texto llenos de violencia que reparten los terroristas.

“Raqqa, Vivir en el Estado Islámico” puede consultarse en www.carlosloret.com

Hoy se cumple una semana de que Estados Unidos y sus aliados kurdos anunciaron la liberación de Raqqa de manos del Estado Islámico, pero la victoria no es el fin de todo. El grupo terrorista sigue con presencia en la zona y focos de resistencia. El infierno tendrá más por contar.

SACIAMORBOS

En la columna de ayer puse que se necesitaban dos terceras partes del Senado para reinstalar a Santiago Nieto en la Fepade. Pero no. Hay un artículo transitorio que dice que basta con mayoría simple. La oposición la puede lograr si no se divide. Viene una demostración de fuerza. A ver quién gana.


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