“Ya ganamos… ¿Y ahora qué?”

ganamos

Ha pasado casi un mes de la victoria de Carlos Joaquín y pareciera que seguimos atrapados en la coyuntura de la tan esperada alternancia –ya con hambre de “cambios notables”- puesto que toda noticia se turna en numerosas especulaciones sobre el proceso de transición y la formación del gabinete del gobierno estatal entrante. Sensación que es normal, sobre todo cuando el ritmo de la campaña política era un bombardeo constante de sucesos.

Más allá del impulso “político” en la toma de decisiones, lo que nuestro estado necesita es un verdadero enfoque administrativo para el gobierno, y una muy buena plataforma legislativa y de cabildeo sobre todo para tratar de revertir las medidas adoptadas en los últimos días por un Congreso saliente que aprobó las iniciativas de un gobernador que busca blindarse y que se ha distinguido por ser autoritario y estrafalario, con un exacerbado abuso del poder público para obtener ganancias privadas.

El problema de la corrupción a la cual estuvimos sometidos durante los últimos sexenios, es más grave de lo que parece, pues verdaderamente se encajó en el modus vivendi de los quintanarroenses. Es cierto que nuestra sociedad se ha vuelto más crítica –tras el triunfo de la oposición-, pero el análisis que realmente interesa es si nuestra reacción como ciudadanos ante los actos de corrupción incentiva o desincentiva este fenómeno. Entiendo que bajo el mandato de un gobierno autoritario el miedo a ser crítico aumenta, sin embargo, ninguna asociación o cámara desarrolló un liderazgo lo suficientemente fuerte, con un aval de un gran número de ciudadanos, como para ser un contrapeso efectivo al gobierno. La realidad es que esto no sucedió hasta los tiempos de campañas.

Seguimos dejando todo en manos de nuestros gobernantes sin hacernos corresponsables del devenir de nuestra sociedad. Bien sabemos que el factor educativo –sobre todo en cuestiones políticas y sociales- son determinantes para eliminar y reducir el margen que le permite a los servidores públicos enriquecerse ilícitamente. Una sociedad crítica debe conocer su propia legislación y tener una mayor disposición a participar en el ámbito político. Por ejemplo, si popularmente se hubiera conocido el alcance de las decisiones del Congreso local, probablemente la votación de los nuevos diputados hubiera sido similar a como fue el ánimo del cambio por un gobernador de oposición; pero en la desinformación está la penitencia.

Para un cambio real -con rumbo- es tan importante quien dirige el timón como quien lleva los remos. Si bien los nombramientos de cada una de las Secretarías será importante, no debemos de comer ansias, que ya Napoleón decía: “un hombre de Estado debe tener el corazón en la cabeza”. Las decisiones que se tomen a partir de ahora no deben ser impacientes, si no fundamentadas en un exhaustivo análisis de perfiles adecuados para el puesto.

¿Qué nos toca ahora? No confundir la politiquería con lo que se avecina: la construcción de una plataforma de gobierno. No queramos ser tan “críticos” ni tan “partícipes” de algo en lo que no hemos sido en 12 años; la realidad es que ni siquiera sabemos cómo hacerlo. Los temas a discutir deberían estar en asambleas municipales y plebiscitos como medios para estimular la discusión de temas gubernamentales en la sociedad.

Dejemos los memes y las comidas empresariales o de agremiados para las fotos del recuerdo junto a las historias de campaña. Lo que urge es comenzar con una verdadera construcción de vías para fortalecer el diálogo a nivel institucional; y eso sí depende de nosotros.

¡No hay tiempo que perder!


Comments

  1. Excelente artículo claro y conciso felicidades

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